Metaliderazgo; el liderazgo y los procesos de cambio

 

Cuando se produce un cambio repentino como el del coronavirus se está durante un tiempo pensando que las cosas volverán a ser como fueron. Aunque las cosas nunca serán igual. Es la fase de schock o de negación.

Cuanto más tiempo se pasa en tratar que las cosas sean como fueron, más recursos, esfuerzos, ilusiones y energías se gastan ineficientemente.

Hoy todavía seguimos pensando y buscando soluciones a la nueva realidad en la que nos encontramos con los paradigmas del pasado. Pero esos paradigmas ya no sirven para gestionar el nuevo orden de cosas generado por el coronavirus.

Lo primero que se necesita en un proceso de cambio de éxito es un liderazgo renovado, fuerte, innovador y creativo, porque la prioridad después del cambio es construir una realidad nueva.

Un liderazgo que tiene que ser inevitablemente diferente al que se tenía antes del cambio. Por qué aquel liderazgo antiguo, que llegó a ser hegemónico, estaba producido por las estructuras del pasado y era el reflejo de los arquetipos, intereses y prioridades de un tiempo que quedo atrás.

Todo cambio implica un cambio de mentalidad. O bien se cambia de mentalidad para producir el cambio; o bien un cambio no elegirlo produce un cambio de mentalidad.

La nueva realidad generada por el coronavirus requiere soluciones, estructuras, principios y arquetipos nuevos. Pero sobre todo requiere un cambio de mentalidad. Por ello, es imprescindible que el viejo liderazgo dé paso a un nuevo liderazgo renovado e influyente que sirva de referencia con sus nuevos valores, conductas , objetivos y prioridades. Un liderazgo que contribuya a crear, no solo estructuras y soluciones operativas, sino sobre todo el cambio de mentalidad imprescindible para un cambio deseado.

Este cambio de liderazgo suele ser la primera y principal dificultad con la que se encuentran los procesos de cambio de éxito.

 

 



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